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Kodak ya no se define por la película: El CEO la ubica al final de la lista!
Vida y Fotografía 4 de noviembre de 2026

Kodak ya no se define por la película: El CEO la ubica al final de la lista!

Kodak ya no se define por la película: El CEO la ubica al final de la lista!
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Jim Continenza, presidente ejecutivo y director ejecutivo de Eastman Kodak, ordenó las líneas con las que piensa sostener la empresa: impresión, química, baterías y película. La película quedó última. El orden no es casual: describe a una compañía que ya no se define por su producto más famoso.

Kodak extiende capas finas: la película es una de ellas

El edificio de película del complejo de Rochester ocupa manzanas bajo un mismo techo y se trabaja a oscuras. Al lado conviven una división química y otra de baterías. La frase que ordena todo lo demás es esta: Hacer película y recubrir baterías es casi lo mismo.

Película y batería se hacen casi igual: una con luz y otra sin luz. El resto comparte el mismo principio, una mezcla que se extiende sobre un soporte. Cuando el negocio se describe así, la película deja de ser el corazón de la empresa y pasa a ser una de sus aplicaciones.

La película no está condenada por ser una aplicación más. Sigue viva porque comparte fábrica, aunque la empresa no lo formule así. Extender capas es una operación industrial cara: la máquina solo compensa si trabaja mucho volumen, y la película sola no lo genera. Lo generan las planchas, los químicos y las baterías que salen del mismo complejo.

Continenza nombra tres sitios de fabricación, y los tres aparecen en el tramo de impresión, no en el de película: Columbus en Georgia, Osterode en Alemania y Gunma en Japón. De la planta de Gunma, a 70 kilómetros de Tokio, Kodak publica que de allí salen planchas de offset, las láminas metálicas que usan las imprentas.

La ventaja que Kodak busca, dice Continenza, es tener en un mismo complejo la química, los materiales y las máquinas que extienden las capas. También habla de exigir reglas iguales para proteger la fabricación local en los países donde vende.

El diagnóstico: Nadie sabía qué hacía Kodak!

Cuando Continenza llegó, reunió a los empleados y preguntó qué hacía Kodak. No obtuvo respuesta. Después pidió la lista de los veinte clientes más importantes y tardó diez días en conseguirla.

Los diez días explican la palabra que Continenza eligió para describir la recuperación: foco. Una empresa que tarda diez días en saber quién le compra no tiene un problema de producto. Tiene un problema de identidad, y reducir el negocio a menos líneas fue la respuesta.

Kodak también produce químicos para reactivos, en lotes pequeños y especializados. La defensa de esa línea es explícita: no juzgarla por el tamaño de hoy, porque casi todo empieza chico. Es la misma lógica del recubrimiento aplicada a otro mercado.

La película como excepción, no como centro

Kodak sostiene que la película crece en las tres familias que fabrica: foto fija, cine y usos industriales. En ese punto la empresa tiene más libertad que en el resto, porque no publica volúmenes. Sin un número, quien compra rollos no puede distinguir si el mercado se duplicó o si apenas dejó de caer. Y esa diferencia, para él, se llama disponibilidad y precio.

Continenza cuenta que hay gente dispuesta a viajar a otra ciudad para ver una película en 70mm, y pregunta quién haría ese viaje para verla en digital. La sala grande, dice, produce algo que el archivo no produce. Es su argumento más sólido, y no es económico.

Un teléfono no impresiona a nadie, una cámara digital alcanza, y la película convierte a quien la usa en artista. Esa escala no habla de lo que hace el material, sino de lo que comunica quien lo usa. Y es el argumento más débil de todos.

El digital va a dominar, afirma Continenza, sin ninguna duda, y la película tiene su nicho para el artista verdadero. Con ese límite, la película deja de ser el futuro de la fotografía y se vuelve una línea rentable dentro de un fabricante industrial.

Entre fotógrafos circula una historia de rescate: una marca que volvió porque la gente la pidió. Kodak cuenta otra: un fabricante que reordenó su negocio y conservó la película como una línea más. Las dos pueden ser ciertas, pero solo la segunda explica por qué el material se sigue fabricando.

No es lo que era, pero está bien ser otra cosa. La continuidad del film no depende de la nostalgia sino de que el negocio de recubrimiento siga en pie. Si esa base aguanta, la película se queda. Ninguna cantidad de recuerdos paga una línea de producción.
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